La historia del Cane Corso coincide extraordinariamente con la historia de la comunidad Itálica, en todo su esplendor y misterio. Esta raza fue salvada los últimos años de lo que parecía una fatal decadencia, por lo que actualmente existe un registro breve, pero con una historia significante e iconográfica, que ha tratado de reconstruir los orígenes de esta raza.

 

Algo más pequeño y elegante que el mastín napolitano, el corso fue utilizado en el pasado no sólo como perro boyero sino también en la caza del jabalí y como perro escolta en los largos viajes de los comerciantes e, incluso, como perro de agarre de toros. Estuvo muy difundido en toda la región meridional italiana y más aún en Calabria,

italiana y más aún en Calabria, Lucannia, Pugglia y Sannia. Su aspecto fiero y decidido, su imponente estructura propia de todos los molosos, parece estar en el orden de su nombre. Corso quiere decir potente, robusto, fuerte, y estas son, sin duda, sus principales características. Otros atribuyen el origen etimológico de la palabra al latín "cohorr" o guarda mayor del cuerpo, o al griego "kortos", referido al hecho de que guardaba y vigilaba personas y animales durante las épocas de trashumancia, pero hay otros que ven el nombre relacionado con la isla de Córcega.

 

Hace poco descubrieron la documentación más antigua citando el nombre del Cane Corso, y consistían en varios poemas escritos en verso y prosa, que datan del 1500. En 1998 la A.I.C.C. (Asociación Italiana del Cane Corso) publicó un estudio de la raza que trajo a la luz: el uso militar del Cane Corso, en 1137 en Monopoli di Sabina (junto a Roma); el descubrimiento de criaderos del período; y vínculos cercanos entre la raza y la historia Romana. Todo esto nos permite considerar al Cane Corso como la evidencia primordial de una raza ancestral que ha mantenido sus características particulares a través de los siglos.

 

Esto nos lleva tiempo atrás, al período en el que la economía se basaba en la agricultura primordialmente que a la revolución industrial, pero cabe remarcar que las grandes civilizaciones del pasado, también están ligadas a la apreciación estética de los aficionados y criadores, como en el crecimiento y decadencia del imperio romano, la edad media y los tiempos modernos. El Cane Corso ha mantenido a través de los siglos por naturaleza, un contacto cercano con el hombre, su entorno y ha participado en los roles que el hombre le ha pedido que desempeñe. Estamos hablando de tiempos difíciles cuando el éxito y supervivencia de una raza dependían exclusivamente de la manera de hacer un trabajo, pues en esas épocas las razones de crecer y alimentar a un perro eran puramente económicas. Se adquiría una responsabilidad que debía corresponder a la adquisición de un bien o un servicio, pues eran épocas en las que nada superficial era permitido. Al Cane Corso, lo podemos admirar ahora, pues es la mejor evidencia de la teoría que sostiene que cuando una raza muestra ciertas características morfológicas y de comportamiento relacionadas con el trabajo, por consecuencia es una raza que muestra armonía en su forma y balance en su carácter. El pasado del Cane Corso no es extenso, pero extraordinariamente actual como si el tiempo se hubiera detenido.

 

Algo que nos llama la atención es que fuera de Italia se sabe muy poco sobre el Cane Corso y que incluso en su país de origen, durante años, la raza ha permanecido olvidada e ignorada. Hizo falta que en 1973 el profesor Giovanni Bonatti se refiriera a la presencia en la provincia de Puglia de un "perro moloso de pelo corto, diferente del mastín napolitano, similar al bullmastiff y parecido al perro de presa malloquín" para que un grupo de entusiastas se pusiera manos a la obra y tratara de recuperarla y darla a conocer dentro y fuera del país.

 

De hecho su reconocimiento ofical por parte del ENCI(Ente Nazionale di Cinofilia Italiano) sólo ha tenido lugar en enero de 1994, después de que la mesa de trabajo de la Societá Amatoria Cane Corso(SACC) aportar

suficiente documentación, fotos, datos y un nutrido grupo de ejemplares típicos para defender su existencia y antiquísimo origen.

 

El Corso ha conservado de sus ancestros el Moloso de Epiro y Pugnases de Oma, utilizados en la guerra y para pelea, la naturaleza de combate y la energía que tienen, son esenciales para alcanzar exitosamente su meta, sin titubeo y con un potencial de fuerza sorprendente, a través del contacto con el hombre en situaciones sociales, el Corso ha aprendido a reaccionar solo cuando es necesario, convirtiéndose e un excelente intérprete de los gestos del hombre. Gracias a éstas características, el Cane Corso ha sobrevivido hasta hoy. En pequeños asentamientos en el sur de Italia, mantenidos en un sistema arcaico de agricultura en donde un perro que hace múltiples trabajos es compañero esencial.

 

La modernización de la agricultura y los sistemas de criaderos, en particular la desaparición de la crianza salvaje y semi-salvaje, la desaparición de los juegos salvajes y las armas de fuego con el surgimiento consecuente de diversas técnicas de caza, han reducido los usos tradicionales del Cane Corso. Es por esta razón que la difusión del Corso ha sufrido drásticas reducciones desde la segunda Guerra Mundial. La situación a principios de 1970 era preocupante, pues los interesados ya solo se preocupaban por la supervivencia de la raza que se redujo a un pequeño número de ejemplares, y por otro lado, no eran considerados oficialmente por los círculos de aficionados y criadores, a pesar del esfuerzo de individuos como Count Bonatti y el Profesor Ballotta.

 

LA RECUPERACION DE LA RAZA

 

Han hecho falta muchos años de trabajo y empeño personal de unos pocos para que nuevamente se hable del cane corso, raza tan antigua y tan profundamente unida a las tradiciones y la propia historia del sur de Italia y que se ha debido recuperar prácticamente de la nada. Hubo, de hecho, muchas contradicciones sobre qué perro se asemejaba verdaderamente y encerraba en si la propia esencia del cane corso e hicieron falta muchos debates y muchas discusiones para ponerse finalmente de acuerdo sobre que ejemplar debían asentarse las bases de las nuevas líneas de cría.

 

Acabaron todos de acuerdo sobre un macho de nombre "Dauno" que resumía la esencia misma de la raza y que trazó el camino que debían seguir quienes, con una pasión fuera de toda duda llevaban años buscando precisamente ese camino. Se decidió localizar hasta tres sujetos estrechamente consanguíneos para lograr fijar las características de la raza, tal y como la habían descrito los profesores Ballota, Bonatti y Casolina. Después de exhaustivos estudios de investigación y, al final, no sin sacrificios importantes, el programa de recuperación fue dando poco a poco sus frutos. En 1988, el Consejo Directivo del ENCI decidió que había llegado el momento de congregar al mayor número posible de ejemplares, producidos tanto en el ámbito de la SACC como por personas para nada vinculadas a esa sociedad, y llevar a cabo un juicio experimental con el fin de comprobar la

homogeneidad de tipo, de construcción y de carácter y su similitud con las características descritas en el proyecto de estándar que la SACC les había presentado. En tres exposiciones-Bari,Florencia y Milán- los jueces Morsiani, Perricone y Vandoni examinaron a cincuenta ejemplares; luego, en el otoño de ese mismo año la SACC presentó ante el ENCI el resultado del primer censo efectuado por los señores Bruno e Indiveri en el que se recogían datos sobre un total de 57 ejemplares perfectamente típicos y rústicos ya registrados.

 

Como resultado de todo este esfuerzo el ENCI promulgó la apertura de un "Libro Abierto" en el que se podían inscribir todos los ejemplares adultos que hubieran sido debidamente tatuados, y por lo tanto reconocidos como conformes con el estándar en proyecto y en tan sólo cuatro años entraron a formar parte del mismo más de 500 perros, por lo que quedó claro que el programa de recuperación había tenido éxito. Tales resultados dieron finalmente lugar al reconocimiento oficial de la raza en enero de 1994.

 

Su carácter afable y fiel con los suyos. Su equilibrio psicológico y la extrema versatilidad funcional que le permite adaptarse a todo, le está haciendo ganar cada vez más adeptos y de hecho nuevamente se le emplea en tareas de pastoreo y guarda como antaño, y también en la caza, aunque poco a poco va ganándose un puesto preferente como animal de compañía y en lo que se ha dado en llamar la terapia con animales domésticos ("pettherapy").

 

Sin embargo, por su tamaño y extraordinaria fuerza el propietario del cane corso debe ser capaz de educarlo desde el primer momento para tenerlo siempre bajo control, de tal modo que nunca se produzcan sorpresas ni conflictos, debe aprender desde cachorrito lo que está bien y lo que no, lo que está prohibido y lo que se le permite, para que más adelante no se produzcan contratiempos, recomendándose además un adiestramiento profesional de determinadas circunstancias, siempre que el perro haya adquirido un cierto grado de madurez, pues no debemos olvidar que, tratándose de molosos, su desarrollo psicológico es siempre más lento que el físico.

 

Consciente de su talla y de su aspecto, el corso no suele manifestar nerviosismo y acepta de buen grado a toda persona que su propio amo acepte bien. Cuando se le encarga la guarda de una propiedad su temperamento equilibrado permite realizarla siempre desde un segundo plano, con gran discreción, y sólo en caso de verdadera necesidad, actúa y ataca. Así podemos concluir que el cane corso es un animal impresionante, equilibrado y eficaz en cualquier cometido que de él se requiera. Es una leyenda hecha realidad.
 
     
 
 
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